
Canción
One of These Days
original stereo mix
Dónde escucharla
Ficha técnica
- Publicación
- 30 de octubre de 1971
- Duración
- 5:56
Otras versiones
7 grabaciones de esta obra
Original
One of These Days
Marvin Gaye
1965
La historia
Paul McCartney cerró con esta pieza McCartney II (1980), su tercer disco de estudio en solitario, y lo hizo del modo más escueto posible: una guitarra acústica y su propia voz, sin nada más. La fuente la sitúa entre las canciones pacifistas del músico inglés y la presenta como el reverso sereno de un álbum dominado por las máquinas.
La visita de un devoto de Krishna
La idea le llegó a McCartney después de que un simpatizante de Hare Krishna, organización religiosa hindú, se pasara por su casa. Lo que le impresionó fue el aire apacible del visitante, y a partir de ahí trató de escribir algo que estuviera a esa altura de calma, con un eje optimista: la intención, aplazada durante toda una vida, de ponerse por fin a lo que uno se ha propuesto, según lo formulaba el propio músico. Ese sosiego confundió a bastante gente, que dio por hecho que la grabación era posterior a la salida de McCartney de la cárcel japonesa donde acabó por posesión de marihuana. No fue así. Se registró en el verano de 1979, en el estudio que el músico tenía en su casa de Sussex y en la Low Ranchan Farm de Campbeltown, antes de que lo detuvieran en enero de 1980; la mezcla quedó lista en octubre de 1979.
Una guitarra acústica y voces dobladas
Es una balada acústica con mucha reverberación, y toda la instrumentación se reduce a la guitarra acústica de McCartney. Tanto la voz principal como la de armonía están dobladas, y otro tanto ocurre con la parte de guitarra principal; a ella se suma una guitarra adicional cuyo eco corre por una pista aparte.
De la subdominante a la tónica
La tonalidad de base es sol mayor, si bien el uso de cejilla hace que suene en la bemol mayor. El acompañamiento se mueve casi todo dentro de la escala, algo que la fuente encuentra coherente con la melodía apacible del tema, aunque el puente introduce acordes cromáticos. El profesor de música Vincent P. Benitez se fijó en el contraste entre cómo terminan las estrofas y cómo termina el estribillo: aquellas cierran pasando de do mayor a re mayor, es decir, de la subdominante a la dominante, lo que a su juicio encaja con su carácter abierto y sin resolver; el estribillo, en cambio, va de do mayor a sol mayor, de la subdominante a la tónica, en consonancia con la decisión del cantante de hacer lo que le conviene. Benitez señaló además que el puente, aparte de los acordes cromáticos, coloca un re menor séptima sobre dos palabras de peso en el texto —«there» y «found»—, con lo que refuerza su efecto. Sobre lo que la letra cuenta, la fuente reúne tres lecturas: Robert Rodriguez la describió como la enumeración sencilla de aquellas cosas que reconfortan el alma y que uno se promete hacer más adelante, cuando la vida deje de estorbar, en una cita que aparece truncada por una elipsis; Benitez leyó algo parecido, un cantante que se anima a sí mismo a apartar lo que le impide ser feliz y realizarse; y los biógrafos de McCartney Allan Kozinn y Adrian Sinclair vieron en ella una aspiración de sencillez.
Una balada perdida entre sintetizadores
Jim Beviglia, de American Songwriter, se detuvo en su melodía mullida, de las que en McCartney parecen fáciles hasta que uno cae en que nadie más escribe cosas tan bonitas, y sostuvo que la canción demuestra la facilidad del músico para pasar al registro de balada tierna cuando le llega la inspiración, incluso mientras fabricaba uno de sus discos más estrafalarios. El escritor John Blaney apuntó el contraste que ofrece frente al estrépito mecánico y frenético o a los remedos de funk de las piezas improvisadas del álbum. Joe Tangari la calificó en Pitchfork sencillamente de estupenda, y atribuyó ese acierto a un planteamiento rudimentario que deja fuera los sintetizadores y las cajas de ritmos que mandan en McCartney II. Benitez, en la misma línea, la describió como una pieza etérea y reflexiva muy alejada de la sonoridad mecánica del resto del disco. El biógrafo Tom Doyle llegó a decir que podría haber salido de los Beatles —así de confusa queda la frase en la fuente— y destacó que retrata a un McCartney que mira al futuro con cierta serenidad, escribiendo en las horas de calma que siguieron a la visita de un conocido devoto de Hare Krishna. Los elogios se repitieron en la prensa: Phil Cornell, del Courier News, la tuvo por un cierre hermoso para el álbum y por un posible mensaje del músico a sus seguidores; Derek Jewell, del Kingston Whig-Standard, la agrupó con «Waterfalls», otra canción de McCartney II, para llamarlas lo más memorable que McCartney había hecho desde los años sesenta; Henry McNulty, del Hartford Courant, la consideró el vehículo perfecto para los sentimientos familiares del autor y un tema cuyo estilo funciona como grabación casera; y Larry Kelp, del Oakland Tribune, la situó entre las baladas más hermosas que McCartney había firmado en una década.
Los que no la salvaron
No todo fueron parabienes. Steve Wosahla, del Messenger-Press, reprochó a la letra el recurso a imágenes arbitrarias, incompletas e insulsas. Don Reynolds, del Dayton Daily News, fue más lejos y la despachó como una canción horrible, con una melodía que se vuelve rancia.
Datos verificados en Wikipedia. El texto es de la redacción de JAUMAS.
Que significa
No existe una explicacion publica concluyente. Ni sus autores la han explicado ni hay una lectura critica establecida, y JAUMAS no inventa el significado de una cancion.
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