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Obra musical

Borderline

Sire Records publicó «Borderline» el 15 de febrero de 1984 como quinto y último sencillo del álbum de debut homónimo de la cantante estadounidense Madonna. La compuso el productor Reggie Lucas y la remezcló John «Jellybean» Benitez, entonces novio de la artista. Reaparecería más adelante en los recopilatorios The Immaculate Collection (1990) y Celebration (2009).

Lucas, Benitez y una disputa en el estudio

Corría 1982 y Madonna trabajaba en su primer álbum con Reggie Lucas, productor de Warner Music. Despachadas tres canciones, Lucas llevó al proyecto una composición propia, «Borderline». Enseguida surgieron problemas: a la cantante no le convencía el resultado, le parecía que él empleaba demasiados instrumentos y que no atendía a las ideas que ella tenía para los temas. La discusión acabó con Lucas abandonando el trabajo sin cerrar las sesiones, y fue entonces cuando la intérprete recurrió a John «Jellybean» Benitez, su pareja de aquellos años, para que remezclara «Borderline» y también el resto de lo ya grabado. Al oír la versión definitiva, Seymour Stein, presidente de Sire Records, declaró que se había apostado que aquello iba a ser enorme, lo más grande que había tenido nunca entre las manos, y que, con la pasión que ella le puso a la canción, pensó que nada iba a detener a esa chica.

Cómo está hecha

El tema supuso un cambio en el tono de voz que Madonna venía usando. Es una pieza sentimental cuyo asunto es un amor jamás consumado por completo. Santiago Fouz-Hernández sostiene en Madonna's Drowned Worlds que ciertos versos —los que hablan de algo en la manera de quererla que no la deja en paz, y del rechazo a ser prisionera de nadie— retratan una rebelión contra el machismo. La voz que emplea es refinada y expresiva, arropada por la instrumentación de Lucas, quien la empujó a buscar el fondo emocional de la canción, motivo por el que este trabajo se considera el mejor ejemplo de aquella relación profesional. Aunque el conjunto sonaba muy frío, el estribillo se emparenta con el estilo de sus contemporáneos, y la tesitura que allí se aprecia acabó siendo el registro que la cantante utilizaría a lo largo de toda su carrera. Abre un teclado con una melodía sintetizada a cargo de Fred Zarr. El bajista Anthony Jackson dobló el bajo sintetizado de Dean Gant para obtener una textura más sólida y compleja. El coro se inspira en el sonido disco de Filadelfia de los años setenta y en el estilo que practicaba Elton John a mediados de esa misma década, mientras que la secuencia de acordes procede de «You Ain't Seen Nothing Yet», de Bachman-Turner Overdrive, cuyo estilo evoca además el sintetizador. Va en compás de 4/4 y a un tempo moderado de 120 pulsaciones por minuto, con un registro vocal que abarca de fa♯3 a si4. Armónicamente, la primera estrofa gira sobre re, do y sol; el enlace previo al estribillo encadena si menor, mi menor, la y fa♯; y en el coro la progresión se mueve por la, fa♯, si menor, la y mi para desembocar en sol, re y la.

En las listas

Fue el segundo tema de Madonna que entró en las diez primeras posiciones del Billboard Hot 100 estadounidense. También alcanzó los veinte primeros puestos en varios países europeos y llegó a lo más alto de la lista irlandesa de sencillos.

El vídeo del fotógrafo británico

En el videoclip, la cantante aparece acompañada de un hombre hispano que hace de novio suyo, pero queda cautivada por otro, un fotógrafo británico que le propone posar y modelar para él; una vez que accede, decide regresar con el primero. La pieza despertó el interés de los académicos, que señalaron el uso del poder como simbolismo. A Madonna se le reconoció haber roto con ella el tabú de las relaciones interraciales, y el vídeo pasa por uno de los momentos que más definieron su carrera; emitido por MTV, sirvió además para elevar todavía más su popularidad. La canción formó parte de las giras Virgin (1985) y Sticky & Sweet Tour (2008), y la han versionado, entre otros, Duffy, Jody Watley, Counting Crows y The Flaming Lips.

Lo que escribió la crítica

La vertiente dance pop de la melodía gustó a los autores y críticos de su tiempo, que la tuvieron por lo más complejo del álbum Madonna. Revistas como Blender y Time la incorporaron a sus recuentos de las mejores canciones de la historia: la primera le adjudicó en 2009 el número 84 dentro de «Las 500 mejores canciones desde que naciste», y la segunda la metió en «Las 100 mejores canciones de todos los tiempos».

Entre quienes se ocuparon de ella en libros, Rikky Rooksby (The Complete Guide to the Music of Madonna) la tuvo por la más compleja armónicamente de cuantas había en aquel debut, y Maury Dean (Rock 'n' Roll Gold Rush) la resumió como un eco al boogie, con elogios para su estilo descarado y ese magnetismo suyo de reclamo. A Dave Marsh (The Heart of Rock & Soul) la música le resultó demasiado buena como para rechazarla, por más que trastornase determinados sistemas de valores morales. Roxanne Orgill, en Shout, Sister, Shout!, la señaló sin rodeos como el tema que hizo estrella a la cantante, y algo parecido defendió J. Randy Taraborrelli en su biografía: junto con «Holiday», fue la que le permitió asentarse en la industria musical, y su voz sobria acercó el sencillo a lo más parecido a una producción de Motown que podía permitirse una canción dance de los ochenta. El italiano Francesco Falconi la encontró más refinada que las anteriores, de texto más comprometido, y con un esfuerzo vocal que la artista no había mostrado hasta entonces.

Los medios se repartieron entre el elogio del gancho y el de la interpretación. Hooks de pop irresistibles, dijo Bill Lamb desde About.com; el surgimiento de una mujer que empezaba a dominar el arte del gancho pop, escribió Matthew Hocter en Albumism. Efervescente y uno de los puntos culminantes del disco, según Stephen Thomas Erlewine en Allmusic; su compañero de portal Stewart Mason fue más lejos y sostuvo que aquí quedaba demostrado que la artista era mucho más que un rostro bonito, un físico de bailarina y un timbre chillón, además de calificar el tema como un tesoro puro, de esas piezas pop descaradamente comerciales capaces de rozar emociones hondas. Lo mejor del disco, escogió Ed Masley en The Arizona Republic. Duradera y genuinamente conmovedora la llamó Matthew Lindsay para The Quietus; canción pop impecable, de producción brillante y voz fuerte, Richard LeBeau desde Medium. Que Madonna nunca ha sonado más genuinamente emotiva que en esta divina pieza, aseguró Chuck Arnold en Entertainment Weekly, mientras que Thom Duffy, del Orlando Sentinel, vio en ella a un tiempo la estrella pop de voz de helio y la sirena sexual.

Joe Lynch, de Billboard, se ocupó de la canción en dos ocasiones. En 2015 la situó decimocuarta entre las mejores de la cantante y la presentó como una de las musicalmente más maduras de aquel primer álbum y una de sus primeras grandes interpretaciones vocales, con una voz que arde de deseo insatisfecho sin perder por ello un punto de alegría. Tres años después, en el recuento de las cien mejores que armó por el sesenta cumpleaños de la artista, la subió al puesto 19: aunque cualquiera podría haber convertido el tema en éxito, argumentaba, es la voz de Madonna —esa mezcla abrumadora de ingenuidad dolorosa y burlona vitalidad— la que lleva «Borderline» al mundo enrarecido de los clásicos del pop.

Datos verificados en Wikipedia. El texto es de la redacción de JAUMAS.

Primera publicación
1983
Grabaciones
3

Que significa

No existe una explicacion publica concluyente. Ni sus autores la han explicado ni hay una lectura critica establecida, y JAUMAS no inventa el significado de una cancion.

La grabación original

Borderline

Madonna

1983

Versiones

2 grabaciones de otros artistas