Obra musical
Hallelujah (take 1)
Esta ficha recoge una toma de «Hallelujah» registrada por Jeff Buckley, pero el texto de partida describe la canción en su conjunto y, sobre todo, el original de Leonard Cohen, sin detenerse en esa toma concreta. La escribió Cohen y salió en 1984 en Various Positions; tardó años en abrirse camino, y fue la versión que John Cale grabó en 1991 la que la puso en circulación. De aquella lectura nació la grabación de Buckley de 1994, que en 2004 ocupó el puesto 259 en la lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos de Rolling Stone.
Del rechazo de Columbia al Billboard
El arranque fue justo el contrario de lo que su fama posterior haría suponer. Columbia Records rechazó el álbum que la contenía; cuando por fin lo editó un sello independiente, pasó prácticamente inadvertida; nadie la versionó de forma amplia hasta que Cale lo hizo en 1991, y no entró en las listas de Billboard hasta la muerte de Cohen, en 2016. Sobre aquel primer portazo, Cohen contaba que en la discográfica le dijeron que sabían que era grande, pero no si era bueno.
El salto llegó con Shrek (2001), la película que empleó la versión de Cale. En 2008 se contaban ya más de trescientas lecturas distintas, y la canción se ha usado en bandas sonoras de cine y televisión y en concursos televisivos de talentos. La muerte de Cohen, en noviembre de 2016, reavivó el interés: volvió a aparecer en listas de sencillos de varios países y se coló por primera vez en el Billboard Hot 100 estadounidense.
Cuadernos en el hotel Royalton
Se le atribuyen entre 80 y 180 estrofas de borrador, horquilla inflada porque muchas son variantes de un mismo verso, y de todas ellas solo siete se han publicado oficialmente. El propio Cohen hablaba de 150, cifra que respaldan sus cuadernos, llenos de correcciones y añadidos, y las entrevistas de aquellos años. Más adelante la misma fuente habla de más de ochenta estrofas escritas en origen, de modo que los números que ofrece no acaban de cuadrar entre sí.
De aquel trabajo ha quedado una escena célebre: en una sesión de escritura en el hotel Royalton de Nueva York, Cohen habría terminado sentado en el suelo en ropa interior, llenando cuadernos y golpeándose la cabeza contra el piso. Dan Geller y Dayna Goldfine, autores del documental de 2022 Hallelujah: Leonard Cohen, A Journey, A Song, calculan que le llevó unos cinco años y que la rehízo muchas veces para llevarla al directo.
Tampoco después se quedó quieta la letra. Cohen defendió el texto original en su gira mundial de 1985, pero en las de 1988 y 1993 cantó casi siempre uno bastante distinto. Muchos intérpretes mezclan ambos y algunos cambian palabras por su cuenta: donde Cohen nombraba una paloma sagrada, el canadiense-estadounidense Rufus Wainwright puso una oscuridad sagrada, y la canadiense Allison Crowe, el espíritu santo.
Un compás, cinco acordes y una santidad ambigua
La versión primitiva está en un compás que la fuente imprime como «128», sin barra de separación, y que remite a la vez al primer rock and roll y al góspel. Escrita en do mayor, su progresión —do, fa, sol, la menor, fa— coincide con los acordes que la propia letra enumera en su celebrada primera estrofa.
Cohen tenía cincuenta años cuando la grabó y la describió entonces como más bien gozosa, nacida del deseo de afirmar su fe en la vida, no por vía religiosa formal, sino con entusiasmo y con emoción. Más tarde matizó que existe un aleluya religioso, pero también otros muchos, y que al mirar el mundo solo cabe decir aleluya. El periodista Larry Sloman, que lo trató de cerca y lo entrevistó a menudo, la resumía como mitad bíblica y mitad la mujer con la que Cohen se había acostado la noche anterior, y citaba a un crítico —cuyo nombre la fuente no da— para el que a Cohen lo que más le interesaba era la santidad y la calentura. La grabación de Various Positions alude, en efecto, a varios pasajes de la Biblia: la historia de Sansón y Dalila del Libro de los Jueces y la de David y Betsabé.
Un aleluya distinto en cada boca
La idea de Cohen de que existen muchos aleluyas explica lo dispares que resultan las versiones, capaces de sonar melancólicas, frágiles, esperanzadoras o alegres según quién las cante. El galés John Cale, primero en llevarla al disco en 1991, apostó por la sobriedad y la sinceridad frente al tono desapasionado del autor; la del estadounidense Jeff Buckley es más doliente, y él mismo la definió como un aleluya al orgasmo; Crowe la entendió como una composición muy sexual sobre las relaciones de pareja; Wainwright ofreció una lectura purificadora y casi litúrgica; y Guy Garvey, del grupo británico Elbow, convirtió el aleluya en una criatura solemne y trasladó su interpretación religiosa a las grabaciones de su banda. A. O. Scott, crítico de cine de The New York Times, escribió a propósito de su presencia en Shrek y en incontables concursos de canto que es una de esas raras canciones que sobreviven a su banalización conservando algo de sublime.
La canadiense k.d. lang dijo en una entrevista poco posterior a la muerte de Cohen que para ella la canción trata del pulso entre el deseo humano y la búsqueda de sabiduría espiritual, de quedar atrapado entre esos dos lugares. Steven Page, antiguo cantante de Barenaked Ladies, que la interpretó en el funeral del político canadiense Jack Layton, sostuvo que habla de decepcionar a los demás.
En 2012 le dedicaron un libro, The Holy or the Broken: Leonard Cohen, Jeff Buckley & the Unlikely Ascent of 'Hallelujah'; su autor, Alan Light, atribuye la singularidad de Cohen a su manera de tratar el lenguaje y el oficio, enraizada en la poesía y la literatura porque antes que músico se formó como poeta y novelista. El libro sirvió de base al documental de 2022, y uno de sus dos responsables —la fuente no aclara cuál— dijo que Cohen abordaba las preocupaciones humanas más hondas: el anhelo de conexión, la esperanza, la trascendencia y el reconocimiento de las dificultades de la vida. Enuma Okoro, columnista de arte y cultura del Financial Times, escribió que letra y tono oscilan entre el himno y la endecha, dos formas capaces de responder a casi todo lo que nos ocurre: cantos que celebran lo recibido y cantos que lloran las pérdidas, los desengaños y las muertes. Okoro recordó que la palabra aleluya la componen dos términos hebreos que significan «alabad a Dios», y añadió que, según Cohen, la gente lleva milenios cantándola para dar por bueno su pequeño trayecto.
Trescientas voces y cinco millones de discos
Desde 1991 la han cantado más de trescientos intérpretes en muchos idiomas. Los datos de la RIAA estadounidense, de la asociación discográfica canadiense, de la australiana y de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica indican que a finales de 2008 se habían vendido más de cinco millones de copias en formato CD. Ha dado pie a un documental radiofónico de la BBC y a un libro, y suena en bandas sonoras de numerosas películas y programas de televisión. Cada intérprete escoge estrofas distintas de entre las más de ochenta que Cohen escribió.
La fuente intercala aquí dos declaraciones sobre el hartazgo que la canción llegó a provocar, pero no dice quién las pronuncia. En la primera, alguien recuerda haber leído la reseña de la película Watchmen, que la utiliza, y que el crítico pedía una moratoria del «Hallelujah» en cine y televisión; el hablante comparte la queja, aunque le parezca una buena canción y crea que la canta demasiada gente. En la segunda, cuenta que ha oído esa petición de moratoria en más de una ocasión —si hace falta ponerla al final de cada drama y de cada edición de Idol—, que en algún momento pensó en sumar su voz a la de quienes querían silenciarla y que, pensándolo mejor, prefiere alegrarse de que se siga cantando.
La versión de John Cale
La lectura de Cale apareció primero en I'm Your Fan (1991), álbum de homenaje a Cohen, y más tarde en su disco en directo Fragments of a Rainy Season (1992). Lleva voz y piano y recupera versos que Cohen solo había cantado en escena. Cale lo había visto interpretarla y le pidió la letra; Cohen le mandó por fax quince páginas, y Cale asegura que se limitó a repasarlas y quedarse con las estrofas más descaradas.
Esa versión es la base de casi todo lo que vino después, incluidas las interpretaciones del propio Cohen en su gira mundial de 2008-2009. Es la que suena en Shrek (2001), aunque en el álbum de la banda sonora figure la de Rufus Wainwright, y aparece también en el primer disco de la serie Scrubs y como tema de cierre del episodio «Death Penalty, Final Appeal» de Cold Case. El texto de partida se interrumpe en este punto y no llega a dedicar ningún apartado a Jeff Buckley.
Datos verificados en Wikipedia. El texto es de la redacción de JAUMAS.
- Primera publicación
- 2006
- Grabaciones
- 1
Que significa
No existe una explicacion publica concluyente. Ni sus autores la han explicado ni hay una lectura critica establecida, y JAUMAS no inventa el significado de una cancion.
La grabación original
Hallelujah (take 1)
Jeff Buckley
2006