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Portada de Born Again From the Rhythm: The Grace Outtakes

Canción

Hallelujah (take 2)

Jeff Buckley

Dónde escucharla

Ficha técnica

Publicación
2006
Duración
8:49

La historia

La cabecera de esta ficha corresponde a una toma que Jeff Buckley grabó de «Hallelujah», mientras que el texto disponible se ocupa de la canción en general y muy en particular de su original, obra de Leonard Cohen: apareció en 1984 en Various Positions, apenas se le hizo caso y hubo que esperar a la versión de John Cale, de 1991, para que empezara a circular. Buckley la grabó en 1994 a partir de esa lectura, y en 2004 su interpretación quedó en el número 259 de las 500 mejores canciones de la historia según Rolling Stone.

Una canción que al principio no quiso nadie

Todo lo que rodeó su estreno apunta en dirección contraria a su fama actual. Columbia Records rehusó publicar el disco donde iba; una discográfica independiente lo sacó adelante y aun así la canción quedó desatendida; hasta la lectura de Cale, en 1991, casi nadie la versionó, y no pisó las listas de Billboard hasta que Cohen murió, en 2016. Del portazo inicial el propio autor recordaba una frase de la compañía: sabían que era grande, pero ignoraban si era bueno.

Lo que cambió las cosas fue Shrek, la película de 2001 que incorporó la versión de Cale. Para 2008 se conocían más de trescientas interpretaciones diferentes, y el tema había entrado en bandas sonoras de cine y televisión y en los concursos de talentos de la pequeña pantalla. Cuando Cohen falleció, en noviembre de 2016, la atención volvió de golpe: la canción reapareció en las listas internacionales de sencillos y debutó en el Billboard Hot 100 de Estados Unidos.

Ciento cincuenta estrofas de las que quedaron siete

El número de versos descartados varía según quien lo cuente. La cifra habitual va de 80 a 180 estrofas de borrador, aunque está hinchada por las múltiples variantes de un mismo verso; oficialmente solo han visto la luz siete. Cohen sostenía que fueron 150, y a favor de esa cuenta están sus cuadernos, plagados de tachaduras y añadidos, y lo que él mismo declaraba entonces. Conviene advertir que la fuente más adelante habla de más de ochenta estrofas escritas de partida, así que sus propias cifras no encajan del todo.

De la escritura se conserva una anécdota repetida: encerrado en el hotel Royalton de Nueva York, Cohen habría acabado en el suelo, en ropa interior, llenando cuadernos y dándose cabezazos contra el piso. Los responsables del documental de 2022 Hallelujah: Leonard Cohen, A Journey, A Song, Dan Geller y Dayna Goldfine, sitúan en unos cinco años el tiempo que le costó terminarla y señalan que la reconfiguró en numerosas ocasiones para tocarla ante el público.

El texto siguió moviéndose después de publicado. En la gira mundial de 1985 Cohen mantuvo la letra de estudio, pero en las giras de 1988 y 1993 cantó casi siempre otra bien distinta. De ahí que numerosos cantantes mezclen versos de una y otra, y que alguno introduzca cambios propios: la paloma sagrada del original se convirtió en una oscuridad sagrada en boca del canadiense-estadounidense Rufus Wainwright, y en espíritu santo en la de la canadiense Allison Crowe.

Do mayor, góspel y una santidad de doble filo

El compás de la versión primitiva aparece en la fuente escrito como «128», sin la barra que separaría las cifras, y se describe como un pulso que recuerda tanto al rock and roll de los inicios como al góspel. La tonalidad es do mayor, y el encadenamiento de do, fa, sol, la menor y fa reproduce los acordes que la letra va nombrando en su conocida primera estrofa.

A los cincuenta años, recién grabada, Cohen la calificaba de bastante gozosa y decía que había salido de su voluntad de afirmar la fe en la vida, no de manera religiosa formal, sino con entusiasmo y emoción. Con el tiempo añadió que hay un aleluya religioso y muchos otros que no lo son, y que quien mira el mundo no tiene otra cosa que decir. El periodista Larry Sloman, amigo suyo y entrevistador frecuente, la describía como una pieza mitad bíblica y mitad dedicada a la mujer con la que Cohen había pasado la noche anterior, y traía a colación a un crítico sin identificar en la fuente para quien lo que de verdad le importaba al canadiense era la santidad y la calentura. La grabación de Various Positions remite, efectivamente, a episodios bíblicos: el de Sansón y Dalila, del Libro de los Jueces, y el de David y Betsabé.

Cada intérprete, su aleluya

Que Cohen creyera en la existencia de muchos aleluyas distintos ayuda a entender por qué las versiones se parecen tan poco entre sí, y pueden resultar melancólicas, frágiles, luminosas o festivas según quién las firme. El galés John Cale, que fue el primero en grabarla en 1991, buscó sobriedad y sinceridad allí donde Cohen sonaba desapasionado; el estadounidense Jeff Buckley la volvió más dolorida y la explicó como un aleluya al orgasmo; Crowe la leyó como una composición muy sexual centrada en las relaciones; Wainwright la abordó de forma purificadora y casi litúrgica; y Guy Garvey, de la banda británica Elbow, hizo del aleluya una criatura solemne y llevó su lectura religiosa a los discos de su grupo. A. O. Scott, que reseña cine en The New York Times, comentó a raíz de su aparición en Shrek y en un sinfín de concursos de canto que pocas canciones sobreviven como esta a su propia banalización sin perder del todo lo sublime.

La cantante canadiense k.d. lang explicó en una entrevista concedida poco después de la muerte de Cohen que, a su juicio, la canción trata del conflicto entre el deseo humano y la búsqueda de sabiduría espiritual, de estar atrapado entre ambos. Steven Page, que fue cantante de Barenaked Ladies y la interpretó en las exequias del político canadiense Jack Layton, opinó en cambio que habla de defraudar a la gente.

Hay además un libro de 2012 sobre ella, The Holy or the Broken: Leonard Cohen, Jeff Buckley & the Unlikely Ascent of 'Hallelujah'. Su autor, Alan Light, explica que el modo en que Cohen manejaba el lenguaje y el oficio no se parece al de nadie, y lo achaca a que se formó primero como poeta y novelista. De ese libro salió el documental de 2022, y uno de sus dos creadores —la fuente no precisa cuál— afirmó que Cohen tocaba las inquietudes humanas más profundas: la necesidad de conectar con otros, la esperanza, la trascendencia y la aceptación de que vivir es difícil. Enuma Okoro, que firma la columna de arte y cultura del Financial Times, escribió que la letra y el tono se balancean entre el himno y el canto fúnebre, dos formas con las que se puede responder a casi todo lo que sucede en una vida: las que celebran lo que se recibe y las que lamentan lo que se pierde, los desamores y los muertos. Okoro subrayó que aleluya son dos palabras hebreas que quieren decir «alabad a Dios» y recogió una idea de Cohen: llevamos miles de años cantándola para afirmar nuestro breve recorrido.

Cinco millones de discos y una petición de moratoria

Más de trescientos cantantes la han llevado a escena en distintos idiomas desde 1991. Según las cifras de la RIAA estadounidense, de la asociación canadiense de la industria discográfica, de la australiana y de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica, a finales de 2008 se habían despachado más de cinco millones de copias en CD. La canción ha protagonizado un documental de la BBC en la radio y un libro, y figura en las bandas sonoras de muchas películas y series. Cada quien elige sus estrofas entre las más de ochenta que Cohen dejó escritas.

En este punto la fuente inserta dos declaraciones sobre el cansancio que la canción llegó a generar sin decir de quién son. Una de ellas alude a la crítica de la película Watchmen, que la utilizaba, y a que el reseñista reclamaba una moratoria del «Hallelujah» en cine y televisión; quien habla coincide con esa petición, si bien considera buena la canción y sostiene que la interpreta demasiada gente. En la otra, alguien recuerda que esa reclamación de moratoria se ha repetido varias veces —a cuento de si tiene que sonar al final de todos los dramas y de todas las ediciones de Idol—, admite haber estado a punto de sumarse a quienes pedían silencio y concluye que, bien mirado, le alegra que se siga cantando.

Lo que hizo John Cale

Su versión salió primero en I'm Your Fan (1991), disco de homenaje a Cohen, y reapareció después en el álbum en vivo Fragments of a Rainy Season (1992). Está construida sobre voz y piano y rescata versos que Cohen solo había cantado sobre el escenario. Cale había asistido a una interpretación suya y le pidió la letra; Cohen le envió quince páginas por fax, de las que, según cuenta, entresacó las estrofas más atrevidas.

Casi todas las lecturas posteriores parten de la suya, incluidas las que el propio Cohen ofreció en su gira mundial de 2008-2009. Es la que se escucha en Shrek (2001), pese a que el álbum de la banda sonora incluya la de Rufus Wainwright, y suena asimismo en el primer disco de la serie Scrubs y al final del episodio «Death Penalty, Final Appeal» de Cold Case. Aquí termina el texto de partida, que en ningún momento dedica un apartado propio a Jeff Buckley.

Datos verificados en Wikipedia. El texto es de la redacción de JAUMAS.

Que significa

No existe una explicacion publica concluyente. Ni sus autores la han explicado ni hay una lectura critica establecida, y JAUMAS no inventa el significado de una cancion.

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