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Portada de Like a Prayer

Portada: fuente · Cover Art Archive · uso identificativo, derechos del titular original

Álbum

Like a Prayer

Madonna

Cuarto álbum de estudio de la estadounidense Madonna, que Sire y Warner Bros. Records pusieron a la venta en Europa el 20 de marzo de 1989 y en el resto del mundo al día siguiente. Grabado entre septiembre de 1988 y enero de 1989 y dedicado a la memoria de su madre, es un disco de pop con dance, funk, góspel y soul en el que la cantante habló por primera vez en público de su familia, de su educación católica y de su matrimonio roto.

Un año sin grabar y un divorcio en marcha

Durante casi todo 1988 Madonna no pisó un estudio para hacer canciones propias. Desde True Blue (1986), su actividad musical se había reducido a cuatro temas para la banda sonora de ¿Quién es esa chica? (1987), a una versión de «Santa Baby» y al sencillo «Spotlight». El fracaso de aquella película, mal recibida por el público y por la crítica, la llevó al teatro: se subió a las tablas de Broadway con Speed-the-Plow, y allí las reseñas volvieron a ser adversas, con la consiguiente frustración y una depresión. Al mismo tiempo su matrimonio con el actor Sean Penn se había acabado y en enero de 1989 la pareja pidió el divorcio.

A todo ello se sumó una cifra. La cantante acababa de cumplir treinta años, exactamente los que tenía su madre al morir, y la coincidencia le desordenó el ánimo y cambió la manera en que se veía a sí misma. Ella lo contó sin dramatismo: no habló de trauma, sino de la obligación de madurar y de hacerse responsable que llegaba con esa edad; lo que la desquició, dijo, fue darse cuenta de que a partir de entonces estaba viviendo más años que su madre. Daryl Easlea, autor de Madonna: Blonde Ambition (2012), resumió aquel momento como el de una mujer presa, en muchos sentidos, de la celebridad que tanto había perseguido y trabajado.

El público cambia de humor

Fuera, el terreno también se movía. El rap de Public Enemy y Run-D.M.C. iba ganando espacio en la cultura mayoritaria, y con él grupos de rock alternativo como Pixies, Throwing Muses, Jane's Addiction o Faith No More, que anticipaban el grunge de comienzos de los noventa. Al final de la década, además, el Lunes negro había empujado al mundo hacia una recesión. Entre unas cosas y otras, el estado de ánimo del público era otro.

Madonna sacó su conclusión: si quería durar en la industria discográfica, tenía que dejar atrás el mercado adolescente y buscar oyentes adultos. Se propuso además que el nuevo sonido fuese calculado antes que instintivo y que apuntara a lo que estaba de moda. El disco debía resultar vibrante, desafiante y distinto, y sus seguidores debían salir de él pensando; para conseguirlo empezó a desarrollar asuntos que hasta entonces solo habían sido meditaciones privadas, nunca compartidas de forma tan abierta y directa.

Los cuadernos abiertos

La autora Carol Gnojewski sostiene que la cantante sentía llegado el momento de enseñar una faceta más oscura y espiritual, muy alejada de la imagen elegante, glamurosa y fabricada con la que solía presentarse. La propia Madonna reconoció que en el pasado había escrito canciones que dejaban ver su yo interior y que las había descartado por parecerle demasiado honestas o demasiado aterradoras; ahora, en cambio, le parecía el momento oportuno, porque era lo que le salía. Decidida a adoptar un estilo adulto y más sofisticado, releyó despacio sus diarios y sus apuntes personales y se preguntó qué quería decir: quería un álbum que hablara de lo que tenía en la cabeza, en una etapa que ella misma calificó de compleja. De ahí salieron la relación problemática con Penn, la muerte de su madre, los lazos familiares e incluso su fe en Dios.

Speed-the-Plow, todas las noches

Buena parte del tono sombrío del disco procede de lo que ocurría alrededor de la cantante mientras representaba Speed-the-Plow en Nueva York. El personaje —agotador hasta lo increíble y deprimente en lo espiritual, según su descripción— y el clima introspectivo de la obra le despertaron frustración y desesperación. Contó que, por el estado en que se encontraba, se vio lidiando con una tristeza que llevaba mucho tiempo sin afrontar y que le salía a escena cada noche. En paralelo, el papel que la iglesia había desempeñado en su vida se convirtió en un problema de fondo que fue a parar a sus escritos.

El catolicismo como campo de batalla

El título del álbum viene precisamente de ahí: de la huella que el catolicismo dejó en sus primeros años y de sus pulsos con la religión. Madonna afirmó que ese asunto atraviesa el disco entero, que es ella quien se pelea con el misterio y la magia que lo rodean y que su propio catolicismo libra una batalla permanente. También trazó una frontera con lo anterior: sus primeros discos, dijo, brotaban de la niña que llevaba dentro, interesada solo en gustar, entretener y mostrarse encantadora, frívola y dulce, mientras que este venía de su lado adulto, empeñado en ser brutalmente honesto. Lo describió como una asimilación de lo vivido y de sus relaciones, un trabajo sobre sus padres y sobre los vínculos familiares, sobre el dolor de morir, de crecer y de soltar. Sus experiencias con los hombres habían sido increíbles y también dolorosas, y el álbum se acercaba más a lo segundo que a lo primero; con todo, admitía en él un punto de vista femenino muy marcado.

Lo que cuenta cada canción

Para componer y producir volvió a apoyarse en Patrick Leonard y Stephen Bray, con quienes ya había trabajado en True Blue, y contó además con Prince. El repertorio recorre su infancia y su adolescencia desde la educación católica: «Promise to Try» habla de la muerte de su madre, «Keep It Together» del peso de la familia y «Oh Father» de su relación con su padre. «Till Death Do Us Part» aborda el matrimonio fallido con Sean Penn y «Express Yourself», el empoderamiento femenino. El resultado se tuvo por el trabajo más serio e introspectivo que había firmado hasta entonces.

Treinta países en lo más alto

Académicos, biógrafos, críticos y periodistas musicales lo aclamaron, con elogios para la producción, para la escritura introspectiva y para la voz de una intérprete a la que empezaron a tratar como artista seria. En ventas alcanzó el primer puesto en más de treinta países, entre ellos Estados Unidos, Japón y el Reino Unido, acumuló certificaciones de oro y de platino y llegó a los quince millones de copias en todo el mundo.

De los seis sencillos publicados, «Like a Prayer» fue el séptimo número uno de la cantante en la Billboard Hot 100 estadounidense, marca que ninguna otra mujer igualó en los años ochenta; «Express Yourself», «Cherish» y «Keep It Together» entraron en los diez primeros puestos de esa misma lista. Para promocionarlo, la cantante llevó «Express Yourself» a la gala de los MTV Video Music Awards celebrada en 1989 y, doce meses después, salió de gira con el Blond Ambition World Tour, que recaló en Asia, en América del Norte y en Europa.

De las listas a las aulas

Numerosos medios lo señalaron como el mejor álbum de Madonna y lo metieron en recuentos de los mejores del año, de la década, del siglo y de la historia. Los videoclips de los sencillos ensancharon su terreno creativo y sacudieron por igual a la prensa y al público. Canciones y vídeos acabaron examinándose en las aulas: los tomaron como objeto de estudio y análisis tres universidades, Rutgers, Harvard y California, dentro de los llamados estudios sobre Madonna. Por ese doble éxito, crítico y comercial, varias publicaciones la proclamaron artista de la década al cerrarse los años ochenta.

Datos verificados en Wikipedia. El texto es de la redacción de JAUMAS.

Publicación
20 de marzo de 1989
Tipo
Álbum

Dónde escucharlo

Ediciones y tracklist

La edición que consta en el archivo.

Edición
Like a Prayer
Publicación
20 de marzo de 1989
País
XE
Catálogo
925 844-2
  1. 1Like a Prayer5:42
  2. 2Express Yourself4:39
  3. 3Love Song4:53
  4. 4Till Death Do Us Part5:18
  5. 5Promise to Try3:38
  6. 6Cherish5:04
  7. 7Dear Jessie4:21
  8. 8Oh Father4:59
  9. 9Keep It Together5:03
  10. 10Spanish Eyes5:18
  11. 11Act of Contrition2:19

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